jueves, 3 de abril de 2008

Vacunas

Hoy nos ha tocado realizar uno de los trámites menos apetecibles antes de irse de vacaciones al sureste asiático. Se trata del tema de las vacunas. Aunque ninguna vacuna es obligatoria, excepto el remedio contra la fiebre amarilla, la mayoría son altamente recomendables. Un turista que vaya a Vietnam o Camboya durante una semana, no salga de las ciudades, y se aloje en hoteles tipo occidental, no tiene nada que temer. En cambio, nosotros vamos a visitar áreas rurales, navegar por el delta del Mekong, bañarnos en todo tipo de ríos y playas, así como visitar parques naturales.

Por tanto, tenemos que poneros la vacuna de la hepatitis A y B, Difteria-Tétanos, Sarampión, poliomielitis, fiebre tifoidea, encefalitis japonesa, meningitis y tuberculosis (para esta última hay que hacerse antes una prueba). Además, tendremos que tomar de forma regular (antes, durante y después) mefloquina, que por lo visto es el medicamento más eficaz contra la malaria.

Aunque este cóctel de enfermedades pueda parecer excesivo, con la simple picadura de un mosquito puedes contraer la malaria y la hepatitis A puedes cogerla simplemente por comer alimentos no lavados debidamente. Como dice, el refrán, más vale prevenir que curar (sobre todo para este tipo de enfermedades).

Obviamente, va a ser un auténtico coñazo tener que ponerse todas estas vacunas (que producen malestar general y algo de fiebre) pero sin ser hipocondríacos hay que ser consecuente con las decisiones que se toman. Viajar al Sureste Asiático no es lo mismo que pasar un fin de semana en Lebrija. Y la verdad, uno no quiere volver con alien, el octavo pasajero, incubado en tu organismo. Además, nunca está de más vacunarse contra enfermedades que también están presentes en el primer mundo como el tétanos o la hepatitis.

El próximo lunes, siete de abril, tenemos una cita en Sanidad Exterior de la Sudelegación de Gobierno en Cádiz para que nos asesoren y nos prescriban todas las vacunas y medicamentos que tenemos que tomar. Desde luego, vamos a realizar un auténtico máster en enfermedades tropicales y asiáticas, que difícilmente hubiera aprendido de otra forma.

Delicatessen asiáticos


Uno de los grandes placeres que vamos a disfrutar en el sudeste asiático será su variada y suculenta gastronomía. Alrededor de una dieta basada en el arroz y las verduras, los asiáticos usan con profusión la carne de pato, cerdo, ternera, así como el pescado, aderezado todo a base de salsas caseras. Además, el colonialismos provocó que la gastronomía europea y asiática se mezclara y naciera la cocina fusión (ahora que está tan de moda).

Hasta ahí no hay ningún problema. Sin embargo, la cocina vietnamita también atraviesa la frontera entre la cultura y la ética. Ejemplo de ello es la carne de perro, de cocodrilo, los platos de testículos de gallos, saltamontes, embrión de pato, raton de campo o cobra real. La cobra se come, justo antes de haberse sacrificado, y se riega todo ello con un rico caldo de sangre de cobra. Además, este plato aumenta la potencia sexual.

En Tailandia, los saltamontes se embadurnan en chocolate hirviendo, lo que produce un delicioso y natural Crunch, (si pides dos te pedirías un twix). La pregunta fundamental es ¿Qué hacer ante estos casos? Personalmente, voy a dejar de lado mis prejuicios occidentales y vamos a probar estas delicatessen asiáticas. Les daré el beneficio de la duda sólo una vez. Si no me gusta, no voy a flagelarme comiendo arañas fritas (en Camboya) o Mam Tom, pasta de camarones servida sobre perro asado. Eso sí, el embrión de pato se lo va a comer su padre... Con perdón.

To Laos or not to Laos?

Tengo un dilema que me devora las entrañas. No sé si incluir Laos en el itinerario que estoy diseñando. Como dijo el dramaturgo Willian Shakespeare, "To Laos or not to Laos. That is the question" (aunque la frase literal no fue así, a mi me viene que ni pintada).

En su favor, los mochileros cuentan que el país del millón de elefantes es uno de los países más auténticos de todo el sudeste asíatico. Que encierra grandes tesoros naturales y arquitectónicos. Según relatan, "con la simple visita de la ciudad de Luan Prabang ya vale la pena visitar el país".

Hasta ahí, todos estamos de acuerdo. Entonces, cuál es el problema? Pues que visitar Laos significa quitarle días a Vietnam, el verdadero motivo de mi viaje. Y quiero profundizar lo máximo posible en Vietnam. Alquilar una moto en las montañas del norte, recorrer los principales campos de batalla de la guerra contra la ocupación americana, pasar varios días en el delta del Mekong.

El problema principal es que no quiero renunciar a nada. Perderme Laos no me lo perdonaría en la vida y no disfrutar de Vietnam en toda su plenitud tampoco. Entonces, cuál es la solución? Pues supongo que tendré que adoptar una decisión salomónica y sacrificar un poco de ambos países pero intentando perderme lo menos posible. Esperemos que la respuesta llegue pronto en forma de inspiración divina porque llevo sin dormir un par de noches. Lo sé, siempre he sido un poco friki.

Laos no está al laó


No creo que vaya a ganar un concurso poético con la rima folclórica del titular pero he tomado la firme decisión de no ir a Laos. Tras echarle una miradita al itinerario que había redactado, me di cuenta que aquello parecía más una carrera contrareloj que un viaje para descubrir nuevas rutas. Pensé que iba a acabar diciendo: “pipi en Vietnam, que en Laos no tenemos tiempo”.

Finalmente, he tomado la decisión de no ir a Laos cuando me enteré que para pasar de Laos a Vietnam, tenía que tomar un autobús que tarda once horas, y a continuación, otro que tarda 24 horas más y que sólo sale tres dias en semana. Es decir, que para cruzar de un país a otro, tardaría alrededor de tres días en autobús. Y uno es masoquista pero no carajote.

Al final ha terminado por imponerse la razón. Ya cometí ese error en el primer Interrail que realice puesto que sólo veía capitales europeas. Y esta vez no quiero que sea así. Quiero disfrutar de las grandes ciudades, hacer senderismo en parques naturales, pasar el atardecer en ruinas jemeres y visitar sitios donde ser turista no sea sinónimo de masificación. Por tanto, pasaremos alrededor de once días en Tailandia, donde visitaremos el famoso puente sobre el río Kwai, haremos una excursión en la jungla con elefante incluido e iremos a un templo que tiene tigres sueltos por el recinto. En teoría, el 14 de julio volaremos a Hanoi (digo en teoría por que he pillado un vuelo por 40 euros con una Low Cost asiática) y allí comenzamos nuestra aventura vietnamita. De este modo, podremos descansar tranquilamente en la bahía de Halong (la foto pertenece a esa bahía), alquilar una motocicleta para conocer a los pueblos de las montañas y pasar un par de noches en algún pueblo perdido del Delta del Mekong.

El templo de los Tigres

A dos horas en autobús de Bangkok, se encuentra la localidad de Kanchanburi, (kan para los locales). Esta ciudad es famosa porque fue donde se construyó el famoso puente sobre el rio Kwai, que no fue destruido como sucede en la famosa película.
Sin embargo, este sitio es también famoso por el monasterio Wat Pa Luangta Bua Yannasampano, más conocido como el templo de los tigres.

Hace varias décadas, unos niños descubrieron un cachorro de tigre huérfano en la selva. Su madre había sido cazada por furtivos y los niños no sabían muy bien que hacer con el cachorro. Tras buscar ayuda, sólo los monjes budistas se ofrecieron a cuidar del tigre. A partir de ese día, cualquier felino huérfano que se encuentra, se envía directamente a este monasterio budista.

De hecho, los monjes han domesticado de tal modo a los felinos, que estos se han convertido en lo que podríamos llamar "un lindo minino". Por lo visto y como podéis ver en la foto de abajo, los turistas pueden acercarse a los templos y acariciarlos como si se tratara de un gato de Angora.
No sé si tendré valor para tocar a uno de estos bichos porque un simple arañazo de uno de estos felinos de 350 kilos de peso es suficiente para mandarte directo al hospital para que te pongan la antirábica.

Lo mejor de todo es que los tigres amaestrados velan y rondan libremente por el templo budista. Desde luego, es la mejor protección contra cacos que se puede tener. El resto permanece en una cantera, donde se dedica a recuperarse de sus heridas, tomando el sol y como no, siendo la mayor atracción de este misterioso templo.

Air Asia



Acabo de adquirir un billete por Internet de una low cost asiatica, Air Asia, para ir de Bangkok a Hanoi por cuarenta euros. Es, básicamente, el Ryanair del sureste asiático. Mientras que en el resto de compañías, este trayecto cuesta cerca de 150 euros por un vuelo de dos horas, Air Asia se ha convertido en el referente asiático de vuelos de bajo coste bajo el lema: "Now everybody can fly".

Además, esta compañía de Malasia dispone de una flota de aviones que cubre gran parte de los países de extremo oriente. La pega es que su base principal la tiene en su país de origen, Kuala Lumpur. De todos modos, desde Bangkok, puedes volar a Birmania, Malasia, Camboya, China, Indonesia, Tailandia y Singapur por menos de cien euros ida y vuelta.

Nuestro plan es el de pasar diez días en Tailandia y después, desde Hanoi, ir bajando por la costa viendo vietnam y Camboya. Finalmente, volveremos a Bangkok en autobús. Pienso que la mejor forma de ver un país es a través de su transporte local (con todos los pros y los contras que ello entraña). Sin embargo, el vuelo a Hanoi era esencial para salvar estos 1500 kilómetros.

Yo sólo le pido una cosa a esta compañia. Que el vuelo no se caiga y que no nos pierdan las maletas. De todos modos, he suscrito un seguro con la compañía, aunque por el precio de cinco euros no creo que vayan a solucionar muchos problemas. "Que Dios nos coja, confesados".

En busca del paraíso perdido



Hace un par de días vi la película "The Beach", protagonizada por el actor Leonardo di Caprio y dirigida por el polifacético Danny Boyle (director de la mítica Trainspotting). La trama va de un mochilero, sediento de aventuras, que viaja a Bangkok para vivir al límite.

Una vez allí, Richard (Leonardo) se da cuenta que allí se hace lo mismo que en cualquier parte del mundo: Irse de marcha, pasear, ver la tele, en definitiva, tener una vida convencional. Sin embargo, en el hostal donde se aloja, conocerá a un fumeta que le dará un mapa que conduce a una isla paradisiaca, donde vive una sociedad en armonía.

Richard y una pareja francesa emprenden la verdadera aventura de buscar ese paraíso terrenal. Cruzan cientos de kilómetros a bordo de trenes, autobuses y barcazas para cumplir su sueño. Sin embargo, cuando encuentran la Isla, se dan cuenta que esa sociedad perfecta no es tan idílica como parece. Richard se da cuenta que por muy lejos que uno viaje siempre tendrá que enfrentarse a los secretos de la naturaleza humana...